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La carga de elegir

En el actual libro que estoy leyendo, “Los hábitos de un cerebro feliz” de Loretta Graziano (de imprescindible lectura dese mi punto de vista) nos muestra cómo reciclar el cerebro para poner en marcha la química que genera felicidad.

A través de unas sencillas actividades, la autora explica el papel de las sustancias que conforman la llamada “química de la felicidad”, compuesta por serotonina, dopamina, oxitocina y endorfinas.

La obra contiene numerosos ejercicios que te ayudarán a reprogramar tu cerebro y a disfrutar de una vida más dichosa y más sana.

La autora no habla mucho sobre el cortisol, sóo para decirnos que nos hace sentir mal. El objetivo es luchar por la oxitocina, la serotonina y la dopamina. La oxitocina aparece durante el contacto social (por ejemplo cogerse de la mano). La serotonina puede hacerte sentir bien cuando ganas respeto y sientes que tienes importancia social. La dopamina aparece cuando una necesidad está a punto de cumplirse.

Loretta Graziano Breuning hace un buen análisis sobre cómo nos sentimos felices cuando creemos que algo que estamos haciendo va a durar más que nosotros. Esta es la razón por la cual mucha gente tiene hijos o lucha por causas dignas.

Explica el porqué por qué nos sentimos atraídos por las malas noticias y por qué pertenecer a un “rebaño” no nos hace felices, ya que lo que realmente queremos es destacar y ser reconocidos. También cuando nos sentimos reconocidos por alguien “importante” se incrementa la serotonina. Esto podría explicar nuestra fascinación por personas famosas y estrellas de cine.

Lo que este libro pretende hacer es informarnos de nuestras opciones y nos ofrece ideas sobre cómo mejorar la felicidad en nuestras vidas.

Al revisar sus descripciones y anécdotas me encontré comprendiendo mis propios impulsos, tendencias y comportamientos de una manera nueva.

Reflexionar sobre sus descripciones me ha ayudado a “afilar” mis “pasiones” en la vida como un adulto, mediante la identificación de como las experiencias de mi primera infancia y adolescencia dan a mi cerebro oleadas de felicidad.

La claridad que brilla a través de esta presentación es reveladora; presenta un enfoque muy clínico y científico, en donde la autora ha integrado años de investigación y estudio en su propia experiencia de vida y es capaz de compartir esta práctica aplicación. Un gran libro, muy recomendable.

Y me he visto obligado a reproducir literalmente uno de los pasajes más reveladores e impactantes para mí:

La carga de elegir

“No existe un camino establecido para la química de la felicidad. Tan sólo hay una sucesión de decisiones en torno a arriesgar algo con la expectativa de conseguir algo.

Hablar de decisiones buenas y decisiones malas da la impresión de que existe un camino óptimo. Si nos imaginamos un camino correcto, comparamos nuestra vida con una imagen idealizada que no existe, y eso puede llevar a centrarse en las decepciones y creer que se está en el camino erróneo, aunque se esté en medio de una buena vida.

En vez de ello, acepta el hecho de que siempre tendrás altibajos, pues tu cerebro está pensado en buscar continuamente recompensas y evitar conflictos dolorosos.

Si tienes dos buenas opciones, puedes llegar a estar tan arrepentido por lo que has dejado que pasas por alto la dicha que tienes y acabas con mucho cortisol. Elegir es a veces tan comprometido que hay quien en ocasiones se encuentra tentado a pasar a otra persona la dura carga de elegir. Esta estrategia no libera el cortisol del lamento constante, pero deja salir la frustración personal de echar la culpa a los demás.

Existe una alternativa. Puedes pensar en la vida como en una serie de compensaciones más que en una función de optimización con una solución correcta. Las decisiones difíciles son inevitables, pero tú eres el mejor juez de las compensaciones bien afinadas de tu propia vida.

Nuestro cerebro nunca cesa de intentar potenciar nuestra supervivencia. Se queda con lo que damos por sentado y busca el modo de conseguir más: más recompensas (dopamina), más seguridad física (endorfinas), más apoyo social (oxitocina), más respeto (serotonina).

Buscar más es arriesgado. Nuestro cerebro está decidiendo constantemente si vale la pena dejar de lado algo de esto para conseguir más de aquello. Una vez que decidimos, es posible que no obtengamos las consecuencias esperadas. Es posible que la frustración te tiente a dejar que otro decida por ti, pero si aceptas tu propia carga de elegir, liberarás muchas más sustancias de la felicidad”.

Francisco Lorenzo.

Autores de plus40

Pedro Andreu y Francisco Lorenzo

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