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Toro Salvaje

No hace mucho, alguien cercano, me preguntaba cómo podía gustarme el boxeo, sabiendo lo sensible que soy ante la violencia, el maltrato y los abusos. Sabiendo que defiendo a ultranza, el “buenrrollismo”, por encima de cualquier actitud beligerante, de las que nuestra sociedad nos muestra cada día en muchos escenarios.

Mi contestación fue que, me gusta la vida interior de un boxeador. Me cautiva esa búsqueda de un golpe salvador que le salve de la miseria. Me traslada a esas vidas de película, donde se puede pasar de la gloria al ocaso y donde el púgil lucha, con todo su ser, por un lugar en el mundo, sin más armas que sus propios golpes.

He de confesar que, una estrategia en la cual me amparo para sobreponerme a los golpes, de esto que llamamos vida, es la de seguir un guión de película de héroes, donde dicho héroe (en este caso yo mismo), supera las dificultades extremas, combatiendo hasta la muerte si es necesario, defendiendo sus principios y  sus valores.

El boxeo ofrece la posibilidad de llevar a la realidad ese papel de héroe, donde a través de tus puños defiendes todo aquello en lo que crees y en lo que quieres.

Además, he descubierto que el ring te ofrece la posibilidad de cumplir uno de esos grandes preceptos vitales en los que me referencio: ¡Querer y que te quieran!

Los boxeadores no sólo pelean por una bolsa económica, ni mucho menos. Pelean para que todo el equipo técnico que le rodea, su manager, la prensa y sobre todo, sus seguidores… le acaben queriendo.

Otra de las confesiones es que, aunque no soy una persona que sienta añoranza del pasado, ya que vivo en un presente radiante, recuerdo el boxeo como una de las pocas actividades que pude compartir con mi padre, fallecido a los 42 años y que dejó de compartir muchas cosas por su prematura desaparición.

Guardo con un gran cariño, el visionado por televisión de aquellas veladas nocturnas, prohibitivas para un niño de mi edad, pero que gracias a mi gran poder de convicción, lograba que permitieran ver junto a mi padre.

No era ver un simple deporte, detrás de cada uno de los boxeadores por los que tomabas partido, había una historia que te unía a él. En pocas palabras, en un combate estabas consumiendo una historia personal que te conmovía. Como se dice en otros ambientes, en las veladas de boxeo, se respiraba “verdad”.

Revisando estos recuerdos, he descubierto de dónde proviene mi instinto por ser consciente de todo lo que me rodea. Por valorar la autenticidad, los principios y los valores humanos. Por detestar las mentiras y la hipocresía.

En pocas palabras, el boxeo tiene bastante que ver en lo que soy a mis 51.

Quién lo iba a decir, ya que nunca he boxeado.

Creo en los héroes y te invito desde Plus40.plus, a convertirte en el héroe de tu propia vida.

Pedro Andreu

P.D. Este artículo se lo dedico a Hamsa Misaui, uno de esos héroes.

Autores de plus40

Pedro Andreu y Francisco Lorenzo

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