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El Guerrero desertor

Una vez más, con este artículo, quiero compartir mis vivencias y mi trabajo con los clientes que atiendo diariamente, donde sus circunstancias personales ante la vida, pueden ser las mismas o algo parecidas a las que te atañen a ti mismo.
En este caso, uno de los aspectos más recurrentes con el que me encuentro, es el que yo denomino el acto de “desertar” <permitidme utilizar esa metáfora, por favor, sin ánimo de molestar a nadie>.
¿A qué llamo acto de desertar en la vida?
Pues todo ocurre en el entorno de nuestra “guerra diaria” con lo que nos rodea. Familia, pareja, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, etc.
Todos estos escenarios proponen situaciones donde cada uno de nosotros estamos obligados a ocupar nuestro lugar en el mundo y hacer cumplir una máxima natural: “Defender nuestros intereses. Defender nuestra felicidad.
Es ahí donde observamos que la “lucha por la supervivencia” hace que la vida sea dura, en su esencia y por ello se establece la generación de conflictos, como algo natural.
Pero es ahí donde un hombre de más 40 años, obligado naturalmente a defender su fortín vital tiene dos opciones: Enfrentarse a esas situaciones o huir de ellas.
Casi a diario, tengo que hacer conscientes a mis clientes de que esa lucha es ineludible, ya que se encuentra en juego nuestra vida y cuando digo vida, no me refiero a la vida física, como ocurría antaño, si no, a la vida emocional, tan o más importante.
“Desertar” y evitar esa lucha, significa rehuir de nuestra felicidad.
Vivimos en una sociedad donde se ha perdido la capacidad de confrontar. Donde los padres ceden el liderazgo a sus hijos en pos de no generar supuestos conflictos y en pos de no perder el supuesto cariño de dichos hijos. Donde las parejas prefieren “tragar y tragar” con circunstancias no deseadas, hasta el momento de estallar hacia un punto sin retorno, por evitar la confrontación. Donde el clima en el trabajo es agobiante, por no saber defender nuestra posición delante de jefes y compañeros. Donde la relación con nuestros vecinos y amigos se diluye e incluso se hace insostenible, por buscar la aceptación del resto a cualquier precio.
En definitiva, caemos derrotados en la batalla que la vida nos propone a diario, sin ni tan siquiera haberlo intentado, por el simple hecho de no confrontar.
Nada más lejos de la realidad.
Defender nuestro espacio y hacerlo de una forma flexible y firme; significa “ganarnos” el respeto de los demás.
La metáfora que estoy utilizando puede parecer que incita a la violencia, pero nada más lejos de la realidad. No se trata de vivir para “guerrear”, pero si que hay que estar dispuesto a afrontar las batallas que surjan y te aseguro, que dichas batallas surgen.
Observo a diario en mi contacto con la Naturaleza, que la confrontación evita “males mayores”. Que unos minutos defendiendo tu espacio vital, significa ahorrarte grandes problemáticas, además de ganarte el respeto de los demás, algo absolutamente necesario en seres creados para vivir en “manada”.
Desde Plus40.plus quiero invitarte a reflexionar sobre la necesidad que tienes en aceptar la confrontación con quien te rodea. En obligarte a exponer tus criterios y necesidades, para generar un equilibrio natural y sobre todo, para garantizar tu felicidad.
Huir de dicha confrontación vital, te asegura estar deshonrando al bien más preciado que tienes: Tu propia vida.
De ahora en adelante, acepta la responsabilidad de preparar tu cuerpo y tu mente, para afrontar ser ese “guerrero” que necesitas ser, para ser feliz.

Autores de plus40

Pedro Andreu y Francisco Lorenzo

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